
Historia de artesanos
Alfarería de Huáncito
La alfarería de Huáncito se bruñe hasta un acabado satinado y se dibuja encima con un trazo fino como encaje, con pigmentos minerales naturales.
Una comunidad purépecha conocida por su barro
Huáncito, en Michoacán, es una comunidad indígena purépecha reconocida por su arte en barro. Se conoce por una superficie concreta y un tipo de dibujo concreto.
El trabajo abarca platones, vasijas y las llamativas torres de cántaros, que suelen ser las piezas que detienen a la gente primero. Apiladas y en disminución, ocupan una habitación como lo hace una escultura.
Bruñido hasta un acabado satinado
Cada pieza se bruñe hasta un acabado satinado. La luz se posa con suavidad sobre toda la vasija, así que se ve su forma completa.
También cambia cómo se siente la superficie. Pase la mano por una de estas vasijas y es lisa y tibia al tacto. Están hechas para tocarse y para usarse.
Es también por eso que sugerimos tocar una pieza antes de elegirla. Una fotografía le da la forma y el dibujo. Levantarla le dice lo demás.
Pigmentos naturales, dibujados como encaje
Sobre el fondo bruñido, las piezas se adornan con motivos delicados, parecidos al encaje, pintados con pigmentos naturales. A distancia el dibujo se lee como textura, casi como si la superficie estuviera tejida. Acérquese y se separa en trazos sueltos, puestos uno junto al otro, a mano alzada.
El color viene de pigmentos naturales: amarillos profundos, turquesas suaves, verdes apagados y el rojo del propio barro.
Los colores se llevan bien con la madera, el aplanado y la tela.
Torres de cántaros
Las torres de cántaros son altas. Apiladas en pisos que van cerrando, se leen como un solo objeto vertical desde el otro lado de la habitación y se separan en vasijas individuales conforme uno se acerca.
Déle una superficie propia. Una torre rodeada de lámparas, libros y portarretratos pierde el contorno que la hace valiosa. Sobre una consola vacía, en una esquina con algo de altura encima, o al final de un pasillo largo, hace lo que hace una escultura.
La superficie bruñida ayuda aquí, porque la luz recorre todos los pisos a la vez.
Elena Félix y Bernardina Rivera
Nuestra colección presenta el trabajo de Elena Félix y Bernardina Rivera, maestras alfareras que empezaron el oficio a los 12 años y llegaron a ganar premios nacionales, incluido el reconocimiento como Grandes Maestras del Arte Popular por Fomento Cultural Banamex.
Empezaron a los doce, y de ahí viene la firmeza del trazo fino.
En nuestra fotografía de las dos están sentadas juntas, con piezas terminadas apiladas detrás y alrededor, cada una sosteniendo una vasija por debajo.
Elegir una pieza
Los platones son el lugar más fácil para empezar. Puesto plano sobre una consola o recargado contra la pared, un solo platón bruñido muestra el dibujo a escala completa. Las vasijas piden pensar un poco más en altura y agrupación.
Las vasijas agrupadas funcionan mejor en números impares y alturas variadas. Tres piezas de distintos tamaños en una misma paleta se ven mejor que cuatro iguales en fila. Como los pigmentos se mantienen en un rango natural estrecho, piezas compradas con años de diferencia siguen entendiéndose entre sí.
Se leen bien junto a los materiales con los que armamos las habitaciones, y por eso aparecen en tantos de nuestros montajes al lado de los muebles que traemos. El barro cálido y la madera gastada siempre se han llevado bien.
El trabajo de Huáncito suele estar en piso en nuestra tienda de Los Cabos, aunque lo que hay cambia conforme llegan las piezas. La disponibilidad de un platón o una vasija en particular se confirma mejor directamente, así que escríbanos y lo revisamos. Hay más sobre cómo elegimos a los creadores con los que trabajamos en nuestra historia.

